Autor: Ricardo Locia

  • Matrimonio igualitario en Guerrero, !ya!

    Matrimonio igualitario en Guerrero, !ya!

    Me quiero casar y no en el sentido romántico y fantasioso; me quiero casar, ejercer el derecho que tengo como ciudadano mexicano, de poder vincularme de manera legal con la persona que he construido un proyecto de vida.

    Me quiero casar y quiero que llamen a mi contrato social: MATRIMONIO, por lo que representa de manera legal, y no en su etimología, lo aclaro para no dañar la susceptibilidad de religiosos, moralistas y todos aquellos que se jactan en ser expertos de la lengua española.

    Hasta hoy 11 de octubre, la figura del MATRIMONIO IGUALITARIO es una realidad jurídica en 29 estados de la República Mexicana. Existe un sesgo ideológico que no ha permitido el progreso de las leyes, en Guerrero, Tamaulipas y Tabasco, estados que aún no cuentan con la legislación necesaria que beneficien a las población LGBTI+, lo anterior violenta e invisibiliza los derechos humanos, civiles y políticos, de hombres y mujeres que formamos parte de estas poblaciones.

    ¿y Guerrero pa’ cuando?
    El Estado de Guerrero, tiene un atraso abismal en materia de derechos humanos. El poder legislativo sigue vacilando y, las y los legisladores continúan sin atender, sin entender su papel en el cambio de la realidad jurídica, de cientos de personas que son vulneradas día a día por no existir un marco legal que les y nos permita ejercer nuestros derechos. Por eso es necesario tomar las tribunas y protestar porque son reales nuestras exigencias, no es el invento de una supuesta -doctrina de género- como algunos mochos conservadores les gusta decir. Nuestra exigencia, nuestra protesta es para alcanzar el estado de derecho, que se nos ha negado, por considerar a las poblaciones LGBTI+ como minorías.

    Ninguna ley puede emanar bajo los preceptos de mayorías o minorías, sino todo lo contrario: deben promover y hacer prevalecer el bienestar, la no violencia y el trato digno de cualquier persona sin razón de su género, de su sexualidad, creencias, etcétera.

    ¿Qué gobierno puede presumir de progresista, cuando aún violenta los derechos humanos?

    Es de carácter urgente que la actual 63 legislatura del estado de Guerrero, apruebe la iniciativa de reforma en materia de Matrimonio en el código civil y procesal civil del estado de Guerrero.

    ¡Matrimonio igualitario en Guerrero, va! ¡Reforma al código civil, ya!

  • Las marchas son de quienes la marchan

    Las marchas son de quienes la marchan

    En muchas ocasiones se han reflexionado las luchas y exigencias de las poblaciones Lesbicas, Gay como un solo movimiento social y sin razonar decimos: el movimiento LGBTI+, creyendo que es un todo homogéneo.

    Es un error en la práctica y en la teoría. Como la accidentada geografía de Guerrero, existen diferentes movimientos sociales en pro de los derechos humanos, civiles y políticos de las poblaciones LGBTI+. Esta pluralidad se encuentra en las pequeñas o grandes diferencias, que van desde lo sociocultural, las creencias, afinidades políticas y también subjetividades que nos llevan articular estos movimientos. 

    Entonces al decir que existen diferentes movimientos, entendemos que las formas que den a sus luchas y exigencias, aunque iguales, tendrán sus particularidades. Pero todas las expresiones de estos movimientos, con algunas excepciones, convocarán a marchas en el marco del mes de junio, mes donde conmemoramos y celebramos nuestra libertad de ser y amar. 

    Las marchas de nuestros orgullos, son en esencia la plataforma: de visibilidad,  protesta y  fiesta, porque el orgullo además de conmemorarse también se celebra. 

    Las marchas amalgaman la realidad de cada una de las personas que tomamos las calles. Hacemos del espacio público, nuestro espacio que en muchas ocasiones en nuestro día a día, estos nos expulsan o no nos permite ser. 

    Las marchas son el culmen de los movimientos, sea la fracción que sea; porque marchar, es el éxtasis de nuestra construcción identitaria, porque colocamos en el espacio público, una realidad  privada. 

    ¡No que no, no que no, ya volvimos a salir!

    Salir a marchar representa que lo personal es político, y desde ahí, nos convertimos en sujetos de derechos que responden a nuestra realidad cultural, política y jurídica. Marchar es protestar desde nuestro cuerpo como una parte del territorio, de nuestro territorio. 

    Quizá muchas personas, piensen que generalizó, situaciones personales, pero aun las personas que salen sin reflexionar sus porqués, están politizando su cuerpo y su identidad.

    Este año como nunca se había visto en Guerrero, tendrá  más de de una marcha; Acapulco celebrará 4 marchas en los días: 4, 5, 11 y 18 de junio, y un ciclo de actividades promovidas por el gobierno del puerto, que no abona al cambio de la realidad de las poblaciones LGBTI+, sino sólo hace del discurso de inclusión como botín político: Pinkwashing. 

    Por segundo año, habrá una marcha separatista de mujeres lesbianas y bisexuales, que se llevará a cabo el 4 de junio en Acapulco. 

    Los municipios de Huitzuco, Leonardo Bravo y San Luis Acatlán, por vez primera convocarán a una marcha. Taxco, como cada año, celebra su marcha en el mes de noviembre. 

    Los municipios de Eduardo Neri y Coyuca de Benitez, marcharán el 02 de julio; la del primer municipio será su 12 edición y la de Coyuca, su 3era edición. En el municipio de Zihuatanejo de Azueta, se marchará el 25 de junio, mientras el municipio de Iguala, tendrá su marcha del orgullo hasta el 23 de julio. 

    Todas las marchas son igual de válidas, porque responden a realidades específicas de exigencias, demandas y también como plataforma política (aunque no nos guste). 

    El Colectivo LGBTI+ Orgullo Guerrero, este año convocó el 17 de junio a su marcha número 21, la cuarta más antigua del país y también la de mayor ediciones en Guerrero.  

    La marcha es de quien la marcha, es de las personas que salen a las calles y las hacen suyas; es de quienes toman sus banderas y las levantan; es de quien sale y grita con fuerza:

    ¡Qué nuestras vidas importan! 

    ¡Qué estamos aquí y nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio!

  • ¿Y Guerrero pa’cuando?

    ¿Y Guerrero pa’cuando?

    Es inaudito pensar que aún en el siglo 21, la respuesta de los gobiernos siga permeando por un raciocinio religioso y moral. Se supondría que en un estado de derecho, debería existir entre todos sus ciudadanos una equidad de derechos y obligaciones, pero existe una legislatura que excluye las demandas de poblaciones que históricamente han sido invisibilizadas por distintos estructuras de poder, que se resisten en romper paradigmas y dogmas, que a todas luces, el hecho de que no cambien, les beneficia. 

    Ningún gobierno y sociedad puede denominarse, bajo el discurso de ‘progresividad’ mientras no cuente con el andamiaje necesario para solucionar las demandas y problemáticas de grupos con características específicas, y no hablo de la construcción de normas especiales, porque el hecho de hacerlo representaría un acto de exclusión y eso es discriminatorio. 

    Las poblaciones LGBTI+ del estado de Guerrero no pedimos ni pretendemos que el poder legislativo encuentre el hilo negro; el hilo ha estado ahí desde el año 2009 cuando se debatió por primera vez en México, el derecho incuestionable de una pareja  de personas del mismo sexo puda unirse de manera civil.

    La exigencia de conquistar la reforma en el Código Civil del estado de Guerrero, para que reconozca que la construcción de un matrimonio no refiere a la unión de un hombre y una mujer, sino a la vinculación de dos personas para una seguridad social, es en todo sentido una demanda real y no un capricho de una supuesta “ideología de género”. 

    Las demandas de las personas de las poblaciones LGBTI+ son en escencia derechos necesarios, derechos humanos. Todos tenemos un nombre que nos identifica, que nos diferencia, que nos hace ser nosotros; imaginen por un momento no tener derecho a la identidad y por ende no tener derecho a la salud, a la educación, al trabajo; esa es la realidad de muchas personas trans. 

    La violencia que sufrimos es una violencia sistemática y estructural; existen distintos dispositivos de poder que cuestionan nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestras identidades. La dicotomía de hombre-mujer niega la existencia de cuerpos diversos; la heteronorma, establece que solo existen las relaciones entre hombres y mujeres, y niega los vínculos que también existen  entre dos hombres y dos mujeres. 

    El derecho a la identidad, a tener un nombre representa para las personas trans, un reto lleno de obstáculos legales que perpetúan la violencia en sus vidas. La aprobación de la Ley de Identidad de Género, representa para las personas Trans su reconocimiento jurídico y un lugar digno dentro de nuestra sociedad, como cualquier otro ciudadano. 

    Los vacíos legales en Guerrero aún con el progreso en las leyes de otros estados, nos colocan a las poblaciones LGBTI+ en un estado de vulnerabilidad. Hablamos de la existencia de una violencia sistemática y estructural, que se ha normalizado entre chistes y mofas. La discriminación a la que nos enfrentamos día a día, nos cruza a todas horas y en cualquier lugar.

    El extremo de esta violencia es el asesinato, el homicidio. Escuche por ahí decir, que la muerte de un homosexual, de una persona trans, es nada; hizo eco en mi ser, saber que es cierto. Al no existir el andamiaje necesario en materia penal sobre los crímenes perpetrados hacia las poblaciones LGBTI+, propicia que no existan los protocolos necesarios de atención a la víctima. La tipificación de los crímenes contra las personas que conforman el acrónimo LGBTI+, se hace de carácter necesario, para una atención clara y precisa además de una actuación objetiva y sin discriminación por parte de las instancias procuradora de justicia y todas las que dependan de ellas. 

    Muchos dirán que parecemos pericos, que siempre repetimos lo mismo, y lo hacemos porque es nuestra realidad: una realidad que nos duele y nos afecta. Estar callado sería una afrenta a quienes han sido asesinados por su libertad de ser y de amar. Quedarnos callados, representaría estar del lado del opresor. Mientras las cosas no cambien en beneficio de nuestras poblaciones, estaremos diciendo lo mismo, y una y otra vez: 

    ¿Y GUERRERO PA’CUANDO?