Desde los 12 años, Gisela Martínez Morales aprendió el arte de pintar en su natal Xalitla, una tradición familiar que hoy mantiene viva al plasmar, con pincel y color, las historias, costumbres y sentimientos de la cultura náhuatl.
“Somos una cultura que se resiste a morir. Estamos aquí presentes y vivos”. Con esa frase, Gisela Martínez Morales resume una vida dedicada a conservar, a través de los colores y el pincel, las historias de la cultura náhuatl de su comunidad, Xalitla.
Xalitla es una comunidad indígena nahua de Tepecoacuilco de Trujano, del Alto Balsas. Ahí, a un costado de la carretera Chilpancingo-Iguala, Gisela aprendió entre pinceles y colores el oficio que hoy mantiene como una herencia familiar.
Este martes, la artesana llevó su trabajo al Congreso del Estado, donde expuso piezas pintadas sobre distintos materiales y frente a los asistentes comenzó una nueva obra sobre papel amate.
No hubo bocetos ni trazos de lápiz. Después de décadas de experiencia, Gisela comienza cada una de sus obras directamente con el pincel, dejando que las imágenes y las historias tomen forma poco a poco.
La obra que comenzó a pintar representa un nacimiento, una escena actual en la que poco a poco irá apareciendo la familia de Nazaret. Para ella, cada pieza es más que una pintura: es una historia.
“Son historias vigentes, historias actuales, la vida y forma de la cultura náhuatl. Eso es lo que va plasmado sobre cualquier material”, explica.
Gisela aprendió el oficio en casa. Sus padres fueron alfareros y pintores, y desde niña comenzó a colaborar con su familia. Tenía entre 12 y 14 años cuando empezó a poner color a las piezas.
“En aquel entonces, a los 12 años, lo que yo hacía era poner color. Nosotros le llamamos rellenar”, recuerda.
Con el tiempo llegaron las manos, los rostros y los pequeños detalles. La práctica diaria hizo el resto.
“Esto yo lo traigo de herencia. Yo no me fui a la escuela de artes, yo lo aprendí en la casa”, dice con orgullo.
Hoy, después de más de 30 años trabajando de manera independiente y profesional, pinta sobre barro, vidrio, tela, hueso, piel y otros materiales. También participó durante más de cuatro meses en la elaboración del mural que se encuentra en el lobby del auditorio Sentimientos de la Nación, junto con un equipo de artistas.
Para Gisela, cada pieza lleva consigo el estado de ánimo de quien la crea. Por eso, detrás de una obra terminada hay días de trabajo, concentración y sentimientos:
“Lo que uno siente es lo que uno plasma”, afirma. Y es precisamente ahí donde considera que se encuentra el verdadero valor de una artesanía.
“El material puede ser barato, pero lo que le da el valor es el trabajo, el valor cultural que lleva. Son historias, vivencias, costumbres, tradiciones, danzas”, expresa.
En Xalitla, alrededor del 80 por ciento de la población se dedica a este tipo de trabajo. La tradición se aprende dentro de las familias y pasa de una generación a otra, como ocurrió con ella.
Sus hijos también aprendieron a pintar, aunque no todos se dedican actualmente a la artesanía.
“Uno quiere que esto continúe, pero ya depende de cada quien. Pero de que lo saben hacer, lo saben”, señala.
Para Gisela, enseñar a las nuevas generaciones es una forma de evitar que desaparezca una cultura que sigue viva, aunque enfrente dificultades.
•El reto de mantener viva la tradición
Sin embargo, la actividad artesanal también enfrenta problemas. Gisela lamenta que el parador artesanal de Xalitla se encuentre prácticamente abandonado y que la modificación de las rutas carreteras haya reducido considerablemente el paso de visitantes por la comunidad.
“Quien más nos aliviana son estas salidas”, dice sobre las exposiciones que realizan en otros municipios y estados.
Por eso, considera que las artesanas y artesanos deben recibir mayor impulso, especialmente porque su trabajo también forma parte de la oferta turística de Guerrero.
“El arte en el extranjero es sumamente codiciado. Los artesanos somos parte importante del turismo”, asegura.
Esta exposición en el Congreso del Estado representa para Gisela su primera salida para mostrar su trabajo en lo que va del año. Aun así, mantiene la esperanza de que espacios como este permitan abrir nuevas oportunidades.
Su trabajo estará expuesto del 1 al 3 de septiembre.
Son piezas únicas. Ninguna es igual a otra, aunque nazcan de la misma mano y compartan el mismo estilo.
En cada una quedan plasmadas escenas de la vida cotidiana, danzas, costumbres y tradiciones de un pueblo que Gisela se empeña en mantener presente.
