+ Con faldas bordadas de Acatlán y blusas de la región Montaña Baja, los habitantes de Zitlala se enfrentan a puño limpio
Lleva meses preparándose y desde la noche del martes, Godofredo Tianguis, capitán del barrio de la cabecera municipal (Zitlala), se alista con sus peleadores para representar al barrio durante la Pelea de Xochimilcas, que marca la antesala del inicio de la cuaresma, según la tradición católica.
Este martes en Zitlala, los barrios de San Mateo, San Francisco, la cabecera (Zitlala) y Tlaltempanapa, se reúnen en el centro de la ciudad para purificarse, a golpes, y así poder iniciar limpia el miércoles de cenizas.
Los peleadores recorren con música de viento sus calles para recoger a los peleadores que participarán del evento, una de las tradiciones más longevas del municipio y de la región Montaña Baja.
Para Godofredo Tianguis, se trata de un ritual que sirve para limar asperezas y recordar los eventos paganos que se realizaban y aún continúan manteniendo un fuerte arraigo entre la población, incluso jóvenes y niños.
Minutos antes de las 3 de la tarde, los barrios inician su último recorrido para arribar a la explanada del ayuntamiento, donde uno a uno buscará a un rival para iniciar el combate a puño limpio; en los últimos años, “referís” y policías cuidan las peleas.
Narices y cejas rotas, sangre regada por la tarima y cortadas diversas, son el saldo de la pelea entre Los Xochimilcas; algunos incluso requieren de puntadas por la gravedad de las heridas pero ello no merma sus ganas de seguir luchando.
Aquí no hay ganadores ni perdedores, únicamente un pueblo conservando una tradición que, a pesar de que ha sido duramente criticada por la violencia, mantiene su esencia y continúa estando presente en la vida de los zitlaltecos
Los Xochimilcas, narran, nacieron antes de la conquista española y su historia está llena de color. De acuerdo con la creencia popular, los Zitlaltecas se separaron de Los Xochimilcas (Xochimilcas), dicha división generó molestias.
Para evitar el saqueo, abusos a mujeres y robos, los guerreros zitlaltecas se vestían de mujeres y una vez que eran capturados se enfrentaban a golpes con sus agresores, librando así acciones en su contra y cuidando al pueblo.
